Las excusas más usadas para no adoptar un estilo de vida saludable

¿Soy capaz de llevar un estilo de vida más saludable? ¿Vale la pena el esfuerzo?

Estas son dos de las preguntas que se hacen con mayor frecuencia pacientes con dolencias cuya mejoría depende de cambios en el estilo de vida como ciertas patologías de tiroides, diabetes, obesidad, ácido úrico alto, presión elevada, problemas de colesterol e incluso tipos cáncer con implicaciones metabólicas. La respuesta a las dos es un SÍ rotundo. Eres capaz y vale la pena el esfuerzo. A mejor alimentación, más ejercicio y consumo moderado de alcohol, mejor salud y mejor calidad de vida para nosotros y quienes nos rodean y nos tienen afecto.

TT El libro de las disculpas - healthyPero y entonces: ¿Porqué es tan difícil generar los cambios personales que requiere un estilo de vida saludable?

Un paciente me decía: “Muy fácil doctor: las tentaciones son muchas y no hay que hacer mayores esfuerzos para satisfacerlas. Es sábado a las 8 de la mañana, y después de una semana dura de trabajo y de cumplir con infinidad de responsabilidades domésticas con la mujer y los hijos, tengo básicamente dos opciones: una es levantarme de la cama a hacer ejercicio y sudar y sudar y a duras penas respirar por la siguiente hora y media, y la otra es seguir bajo las cobijas o relajarme leyendo el periódico o en frente del televisor. Al medio día el dilema es entre rematar la comida con el postre más suculento de todos o comerme una ensalada insulsa. Y por la noche, si salir a compartir unos tragos con los amigos o ir a la cama temprano para volver a madrugar a sudar al otro día. Dígame ¿usted qué preferiría?”.

Aunque sincera, esta respuesta refleja la esencia de todas las disculpas que fabricamos para postergar los cambios personales que nos lleven hacia una vida más saludable: vemos nuestra salud y nuestro estilo de vida en blanco y negro, como una tensión entre extremos opuestos, y así recreamos constantemente falsos dilemas. Descanso o agotamiento. Satisfacción o privación. Placer o sufrimiento.

Con una mentalidad simplista y cortoplacista, bloqueamos en nuestra mente la posibilidad de disfrutar a plenitud la vida y al mismo tiempo tener un estilo de vida saludable.

Si nos entregamos a los excesos sin miramientos, nuestra salud se va a resentir y tarde o temprano nos va a cobrar esa falta de cuidado no sólo en forma de diversas patologías asociadas a nuestro estilo de vida, sino con el estrés y angustia que estas generan y que a la vez agravan cualquier condición. Es lo que llamamos un círculo vicioso.

No olvidemos que todo hace parte del mismo ciclo vital y que, en contraste, los beneficios de los pequeños esfuerzos que hacemos por nuestra salud se multiplican en el tiempo y nos permiten prolongar los años de disfrutar la vida, nuestro entorno, y las personas y actividades que más queremos y más placer nos dan. Es lo que llamamos un círculo virtuoso.

La clave está entonces en un cambio de actitud y mentalidad. Convencernos de que SÍ PODEMOS Y SÍ VALE LA PENA MEJORAR NUESTRO ESTILO DE VIDA. ES POSIBLE SER SALUDABLES Y DISFRUTAR NUESTRA EXISTENCIA A PLENITUD SIN EXTREMISMOS. No necesitamos convertimos en atletas de alta competencia de la noche a la mañana, ni en faquires que se privan del sueño, de la buena cocina o de unos cuantos tragos en familia o con los amigos.

Así como una copita de vino al día no debería hacerle daño a nadie con un estilo de vida saludable, tampoco deberíamos negarles a nuestros cuerpos los beneficios de una media horita de ejercicio al día o de alimentos deliciosos y con alto valor nutricional.

En materia de dietas, ejercicio y, en últimas, de cambios en estilo de vida, es más importante la constancia y la moderación, que la intensidad o el radicalismo.

Infortunadamente, y como veremos a continuación con algo de humor, somos a veces nuestros peores enemigos y especialistas en inventarnos excusas que postergan indefinidamente nuestras buenas intenciones de mejorar nuestra salud.

El Libro de las Disculpas

En mi rica experiencia profesional he contado con la suerte de conocer miles de pacientes y sus valiosas historias personales de lucha contra la enfermedad. Al mismo tiempo, he tenido que apoyar desde una perspectiva médica integral su cambio de estilo de vida y en ese proceso he estado expuesto a una lista interminable de EXCUSAS PARA NO LLEVAR UNA VIDA SALUDABLE, principalmente, en relación con el ejercicio y alimentación adecuada. La lista es tan larga y creativa que en TuTiroides.org estamos consolidando una compilación, próxima a publicarse en la forma de “El Libro de Las Disculpas”.

Cuando le digo a mis pacientes que vienen con pretextos por no haber seguido unas simples recomendaciones de ejercicio o alimentación, que sus excusas van ser incluidas en “El Libro de las Disculpas”, la mayoría se sonríen con algo de vergüenza, otros expresan arrepentimiento, pero no faltan los cara dura que se ríen a carcajadas sin ruborizarse y modifican sus explicaciones cada vez.

Definitivamente, para muchos de nosotros es más fácil comer mal, llevar una vida sedentaria, dormir mal, pero eso sí, quejarnos todo el tiempo de tener “malestar en la barriga, dolor en las coyunturas y los huesos, cansancio excesivo e insomnio” . Y a esto sumar toda serie de argumentos, la mayoría engañosos con nosotros mismos. El famoso “es que…”

He llegado al convencimiento que no importa la edad, ni el género, ni el oficio, ni la profesión, la primera reacción a la falta de compromiso con nuestra propia salud es tratar alegar un motivo “convincente”, una coartada, para seguir así:

“Y entonces ¿para qué los medicamentos, doctor?”

Un paciente con hipotiroidismo, colesterol elevado, presión alta, ácido úrico alto, diabetes y obesidad me preguntaba:

—¿Y Usted por qué es que insiste tanto en que debo hacer ejercicio y no comer grasas ni dulces?

Yo no lo podía creer. Para mis adentros pensaba que me estaba tomando el pelo. Pero se adelantó y me dijo:

—Pero es que en serio, ¿qué más da, doctor? Entonces ¿para qué tomo tantos medicamentos?

—De eso no se trata, se trata de que Usted alcance una vida mejor, más autónoma y más saludable. Eso es lo que yo quiero para Usted”, le respondí. Y le recordé a Gabriel García Márquez y su bello libro “El Amor en los tiempos del cólera”, en el que el uno de sus personajes, el doctor Juvenal Urbino, pensaba que “con un criterio estricto” todo medicamento termina siendo un veneno.

Si bien hay pacientes que por sus condiciones particulares no pueden prescindir de ciertos medicamentos, siempre hay que tratar que un estilo de vida saludable reduzca su dependencia o la haga más llevadera.

 

“Doctor: mañana empiezo…”

Esta es la campeona de las disculpas. Una persona se puede pasar años con el mañana empiezo. Y nunca hacerlo. Siempre hay una razón para postergar el inicio de una actividad deportiva o de alimentación. La época preferida para “el mañana empiezo” es el año nuevo. Promesas de borrachos, a medianoche, después de la tercera uva y el noveno brindis:

—Este año sí bajo de peso y voy al gimnasio.

Amanecerá y veremos.

“Es que con este clima…”

Atiendo pacientes que viven en diversos lugares del mundo, pero no importa dónde vivan, el clima es una de las excusas más comunes. Los que viven en Cali, mi ciudad, con clima privilegiado, cálido, a 1000 metros sobre el nivel del mar, y con promedios increíbles de sol y brisa durante la mayor parte del año, tienen a veces el cándido descaro de acusar las ocasionales lluvias tropicales de su falta de ejercicio de meses: ¡Pero quién puede hacer ejercicio con este invierno, doctor!”, han exclamado centenares.

¿Que dirían si vivieran en Alaska o lugares de verdad fríos? Pues lo mismo. Mis pacientes que viven en países con ciclos estacionales marcados, como Estados Unidos, Francia, Canadá, Inglaterra o España, se escudan en el “frío del invierno”, “el calor y la humedad tan tremendos del verano”, “los chubascos otoñales” o “el polen de la primavera”.

“Es que a mi no me gustan los gimnasios…”

—¿Usted hace ejercicio?

—Es que a mi no me gustan los gimnasios.

—Pero hay muchas otras actividades que se pueden hacer fuera de un gimnasio.

—¿Si? No exagere doctor, nómbreme algunas.

Enseguida nombro por lo menos diez o más. Caminar: no han inventado una mejor ni más barata. Otras más: bicicleta, natación, fútbol, trotar, bailar, hacer flexiones, abdominales, no usar el ascensor, patinaje, tenis, salto triple, rugby subacuático, escalada en roca, ping pong, nado sincronizado.

—Ah, pero es que Usted se la pone a uno muy difícil.

“Tengo que programarme”

—Bueno, ¿recuerda que usted me dijo hace un año largo que iba a hacer ejercicio? ¿Lo está haciendo?

—No doctor, que le parece que no me he programado. Pero tengo que programarme.

—¿Y cómo así?

—Usted sabe. Que el trabajo, que los niños, que visitar a mi mamá. Voy a organizar todo eso y ahí sí empiezo.

—¡Ah!

 

“La verdad, doctor: ¿A qué hora?”

—¿Cómo vamos con el ejercicio?

—Muy poco, por no decir nada, doctor. Pero dígame: ¿A qué hora?

—Explíqueme sus horarios.

La paciente me hace un detallado horario de su agenda diaria. Hay una, dos o más horas donde hay espacio para hacer ejercicio.

Si bien muchos pacientes —los empleados, principalmente quienes hacen trabajo de oficina, o los que laboran más de 8 y hasta 15 horas diarias, o estudiantes con largas jornadas, o personas con obligaciones de casa con hijos, o quienes tienen familiares enfermos, o personas con distancias largas para llegar al trabajo— tienen dificultades reales para hacer ejercicio, muchos tenemos algún descanso aprovechable para hacer unas caminadas, o saltar lazo, o sentadillas, de unos 15 a 20 minutos, que pueden repetirse dos o tres veces al día. Hay personal de salud, muchos de ellos médicos, que desaniman a los pacientes diciendo que caminar o hacer ejercicio de 15 a 20 minutos no vale la pena. Difiero de ese concepto. Cualquier movimiento dinámico, subir gradas, caminar alrededor de la casa, dejar el carro lejos en el parqueadero, todo suma y es ejercicio. Todo de acuerdo con nuestras posibilidades. Lo más importante, de nuevo, es la constancia y consistencia en el tiempo.

“Diciembre es un mes muy difícil”

Esta es la subcampeona de las disculpas. Le pregunté a una paciente que llegó con todos los exámenes alterados y cuatro kilos de más:

—¿Y que pasó si Usted venía tan bien?

—Ay doctor, el diciembre. Invitaciones, platos navideños, el pavo, el cerdo, el arroz con leche, el vinito, en fin, usted entiende.

—Sí claro. Pero ya estamos en Abril…

Y es igual con las vacaciones de mitad de año, y con la Semana Santa y con el Día de Reyes, y con los demás festivos y…

 

“Pero yo casi no como, doctor”

Esta va de tercera en frecuencia pisándole los talones al “mañana empiezo” y a las vacaciones. Cuando van con compañía a la consulta, por ejemplo la mamá (paciente) y una hija (acompañante), o esposos (uno paciente y otro acompañante), el diálogo entre ellos revela la verdad en segundos:

—Pero si yo casi no como doctor, la verdad no sé por qué estoy más gorda y esos exámenes están tan malos.

—¿Mamá, mamá, que vos no comés? Vea doctor, esta mañana desayunó dos huevos revueltos con jamón, queso, por lo menos tres rodajas de pan con mantequilla y mermelada, y remató con una taza de chocolate caliente.

Luego se enfrascan en la clásica discusión familiar que termina en temas ajenos al inicial y que alejan aún más al paciente del cambio de actitud necesario para mejorar su estilo de vida:

—Si ve, doctor, por eso es que en mi casa no se puede hacer dieta. Porque ni se enteran bien, y lo único que hacen es criticar sin apoyarlo a uno.

Esta es sólo una muestra. De pronto te sientes identificado y te animas a ponerle fin a las disculpas. Recuerda: SÍ ERES CAPAZ DE MEJORAR TU ESTILO DE VIDA Y SÍ VALE LA PENA EL ESFUERZO.

Dr. HÉCTOR MARIO RENGIFO C.
ENDOCRINÓLOGO

Twitter @RengifoMD

Imágenes: Designed by Freepik

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