30 años de la tragedia de Chernóbil

EL ENTORNO

Un sábado de una espléndida mañana primaveral, soleada, en la ciudad de Prípiat, antigua Unión Soviética, hoy Ucrania, los habitantes salieron de sus casas como de costumbre. Los niños con sus padres a los parques, los jóvenes a los sitios de  recreación y reunión, las señoras al mercado local. Nadie sabía  ―porque nadie se los dijo― que en la madrugada de ese mismo día se había producido lo que se convertiría en el mayor y más funesto accidente nuclear en la historia de la humanidad: “El Desastre de Chernóbil”, ocurrido al inicio de la madrugada de ese sábado 26 de Abril de 1986. La invisible nube radiactiva ya se había esparcido por toda la ciudad y más allá, y por tanto  había contaminado a sus habitantes y a muchos más. Además, por la dirección de los vientos esparció su lluvia radioactiva hacia lo que hoy es Bielorrusia, el sur de Rusia y Europa. Incluso fue así como el mundo se dio cuenta, sólo varios días después, de  que había ocurrido “algún accidente en una planta nuclear no identificada hasta el momento” y se dieron a la tarea de averiguar su origen hasta ubicarlo. Suecia dio la primera alerta al detectar niveles altos de radioactividad en funcionarios propios pero sin ser ellos los que hubieran provocado la fuente de esa radioactividad. Era la nube radioactiva que fatalmente se extendía hacia una parte importante del planeta.

 

LA POLÍTICA DE LO FURTIVO

La Unión Soviética, ya agonizando como un estado unido y próxima a escindirse, prefirió ocultar lo que el mundo de todas formas conoció: que había estallado el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil, ubicada a escasos tres kilómetros de la ciudad de Prípiat, que había sido fundada en 1970 como residencia de los trabajadores de la planta  y sus familias.

En un lacónico comunicado las autoridades comandadas por su líder, Mikhail Gorbachov, anunciaron que había sucedido un incidente y que estaban controlándolo, pero sin reconocer las terribles dimensiones del evento.

Si esto ocurría hacia el mundo exterior, en el interior de la población afectada no fue diferente, sólo treinta y seis horas después se inició la evacuación de los más de 50.000 habitantes de Prípiat, sin que ellos mismos estuvieran verdaderamente enterados de la gravedad de lo ocurrido. Pero se considera que en total mas de 300.000 personas fueron en la práctica arrancadas  de su hábitat por la necesidad de abandonar los  territorios contaminados.

El accidente fue una suma de negligencia, impericia, irresponsabilidad e insensatez  de los operarios y directivos de la planta, que realizaron una prueba de seguridad en un reactor considerado de por sí inestable. Se sabía que había grandes probabilidades de fracaso del experimento. Falló la refrigeración y las barras combustibles se rompieron produciendo una reacción nuclear en cadena que en instantes fue incontrolable produciendo una explosión que acabó con el reactor y lo que estaba a su alrededor y volaron por los aires toneladas de sustancias radioactivas. El reactor siguió ardiendo por diez días más y contaminando 142.000 kilómetros cuadrados  de esos territorios y muchos otros, tanto en el aire como en los suelos y fuentes hídricas. Es decir que hubo tiempo suficiente para que niños, adultos, ancianos y mujeres en embarazo se contaminaran irremediablemente y de por vida y luego sufrieran las consecuencias agudas y crónicas de la radioactividad. Primaron el egoísmo, la burocracia y el interés mezquino de los políticos en encubrir la verdad sobre el bien común de proteger la salud de las personas.

Hombres y mujeres en un número que se calcula entre 600.000 y 900.000 pertenecientes a bomberos, ejército, ingenieros, técnicos y muchos civiles, se encargaron de apagar el incendio, hacer la limpieza del lugar y tratar de cerrar el enorme boquete por el que se siguieron y siguen filtrándose  sustancias radioactivas, algunas de ellas por cientos o miles de años. El territorio quedó devastado y desolado. Estas personas fueron llamadas colectivamente los “liquidadores”, eufemismo usado para estas heroicas personas que sacrificaron su salud, y muchas de ellas sus vidas, para salvar las de los demás. Que lección para los cobardes dirigentes políticos de la época.

 

CONSECUENCIAS PARA LA SALUD

El hecho es que  las consecuencias para la salud no se hicieron esperar y es así como la población evacuada y los héroes de Chernóbil enfermaron.

Unos murieron por la explosión. Los que estuvieron en contacto dentro de la planta desde la explosión murieron en forma dramática por las consecuencias agudas de la radiación. A más tiempo de exposición hubo más muertes. Las enfermedades relacionadas con exposición a radiación han ido causando muerte y enfermedad en la población. El seguimiento científico se dificultó durante años por el hermetismo y la prohibición a expertos de fuera de la Unión Soviética a evaluar los efectos de Chernóbil . Sólo varios años después de la disolución de la Unión en estados nacionales independientes se ha permitido que especialistas extranjeros y locales participen en el estudio de las consecuencias y efectos del accidente para la salud, el ambiente y el planeta.

Respecto a la salud se considera que gran porcentaje de la población expuesta enfermó. Se considera que únicamente el 5% de los héroes que aún viven (liquidadores), y fueron expuestos inicialmente, tienen aceptable salud.  El resto o han muerto o están enfermos.

Rápidamente aparecieron  en niños enfermedades de tiroides, principalmente cáncer de tiroides que fuera de aflorar precozmente, es más agresivo que el que se presenta en otras partes del mundo no contaminadas,  que es más tardío y larvado en su evolución. Así mismo, la mayor frecuencia en niñas que en niños en circunstancias comunes tiende a igualarse en las áreas comprometidas por la radiación. Las metástasis son también mayores. Con el transcurrir del tiempo se ha detectado un mayor número de cáncer de tiroides en adultos también y aún en áreas distantes del sitio inicial de la explosión, ya que la nube radioactiva se expandió por Europa, incluyendo ciertas áreas geográficas del Reino Unido.

La enfermedad autoinmune de tiroides con hipotiroidismo también es creciente.

También han aparecido con el tiempo otras enfermedades autoinmunes, articulares y del colágeno.

Enfermedades de la piel fueron y siguen siendo documentadas. Se presentaron y se siguen presentando manifestaciones agudas y crónicas como dermatitis por irradiación, úlceras e infecciones de piel.

Tumores sólidos como linfomas y otros tipos de cáncer son frecuentes, además de  los sanguíneos como la leucemia.

Otras enfermedades como cataratas en jóvenes, enfermedades cardiovasculares y todo tipo de enfermedades neurológicas también han sido progresivas.

Si bien se ha tratado de minimizar y subvalorar los efectos letales de Chernóbil sobre la salud humana, no hay duda de que son reales y es posible que se sigan presentando.

 

EFECTOS EN LA SALUD MENTAL

Este ha sido un tema menospreciado y merece un apartado especial. Pensemos en seres humanos como inocentes niños, mujeres embarazadas, ancianos enfermos y toda una numerosa población súbita y rápidamente obligada a una diáspora 36 horas después de darse cuenta tardía que han sufrido una contaminación radioactiva y que aún desplazados llevan un riesgo grande de enfermar o ya están enfermos.

Si abandonar el terruño ya es difícil, que tal en esas circunstancias. Y es así como se dispararon las enfermedades mentales. Depresiones mayores y menores, angustia, pánico, psicosis, ideación suicida, problemas de adaptación a otros ambientes y el duelo por familiares ausentes se combinaron para afectar a todos los migrantes de Prípiat y zonas vecinas. Desarraigo, desolación, tristeza e impotencia.

 

EPÍLOGO DE UNA TRAGEDIA QUE NO TERMINA

Las imágenes que conocemos actualmente muestran la triste dimensión de lo pasado, lo desolado del presente y el incierto futuro de un mundo vulnerable a los desastres provocados por la naturaleza y por supuesto por los seres humanos ―tan  dados a contradecir las leyes naturales con tal de satisfacer ambiciones  económicas y políticas. Se empeña el futuro de generaciones presentes y futuras, así como el destino del Planeta, con tal de satisfacer el inmediatismo de quienes dirigen los destinos colectivos.

¿Y será que hemos aprendido la lección?

No parece. Las bombas de Hiroshima y Nagasaki primero, Chernóbil luego y en Marzo de 2011, Fukushima, hacen pensar que la humanidad no ha aprendido. La insensatez y obstinación de dirigentes actuales frente a las políticas nucleares también parece que no se ha aprendido la lección. Hay un riesgo nuclear vigente.

Pero hay esperanzas. En Chernóbil la ausencia de asentamientos humanos ha hecho proliferar la vida silvestre de animales grandes y pequeños y es así como caballos salvajes, alces, ciervos, lobos, aves y aún especies que habían desaparecido como el oso pardo ven sus poblaciones aumentar. Cada vez hay mas camadas en las áreas contaminadas. Esto tiene que ser una lección para los humanos. Puede haber vida en condiciones hostiles. El ser humano debe aprender a adaptarse mejor a las condiciones del Planeta y a convivir con las demás especies, sin la mediación de actividades que degradan el ambiente gran escala.

El hombre es vida y tiene que saber que para sobrevivir como especie y para salvar el Planeta debe respetar los sistemas naturales de la Tierra y las demás vidas en todas sus formas. De lo contrario, será imposible detener la autodestrucción y la devastación del planeta.

Dr. HÉCTOR MARIO RENGIFO C.
ENDOCRINÓLOGO

Twitter @RengifoMD

Un comentario en “30 años de la tragedia de Chernóbil

  1. Gracias interesante artículo con el enfoque clínico de lo impensable que ocurrió y continúa sucediendo en la salud de la humanidad por este descuido humano. Qué lástima que en países tan avanzados y civilizados hayan provocado esta trágica situación que sin ningún reato las autoridades en su momento no le dieron la trascendencia de este evento funesto en los niños, jóvenes y demás personas de bien.
    Gracias

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