Estrés Escolar y Estrés Laboral: también atacan tu salud

El estrés como hemos visto es tal vez la causa mas frecuente de malestar físico y mental. Si bien no se considera una enfermedad en sí, sino como una condición de alteración emocional, sin duda lleva a expresar o precipitar la aparición de muchas enfermedades. Si es suficientemente intenso y duradero puede causar dolencias en cascada.

¿Por qué entonces ese desprecio a considerarlo o tenerlo en cuenta cuando hablamos de salud y enfermedad? ¿Por qué ese temor a enfocarlo dentro de una visión holística de la vida?

No es como muchos llaman “somatización”, de soma (cuerpo); es mucho mas que eso. Es un desajuste en todas las fuerzas internas, algo que roba la energía espiritual, somática, psíquica y deja al individuo exhausto. O como lo expresaba una paciente:

-Como si me exprimieran el alma y quedara arrugada y agujereada.

Rear view of a confused man looking at graphics on black wall

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Siempre se considera el estrés como una respuesta individual a la causa, que se ha dado en llamar estresor o estresores. Pero si vemos recientes acontecimientos tanto naturales como provocados por la insensatez del hombre, como los huracanes y terremotos que transcurren en estos momentos, guerras, terrorismo, desplazamientos con migraciones masivas, concentración de la riqueza en unos pocos que se encargan ellos mismos de aumentar la pobreza, podemos afirmar que hay un estrés colectivo sumado al individual.A cualquier acontecimiento mundial podemos asistir en vivo y en directo. Cuatro días de transmisiones del mas reciente huracán, algunas de ellas con mal disimulada morbosidad, causan pavor colectivo. El propósito de informar se olvida y se convierte en “rating” y poco importa el dolor, la desolación y la impotencia de la comunidad. Y es que eso enferma a cualquiera, hasta el mas frío espectador siente los vientos de más de 250 kilómetros por hora y sin duda esto causa estrés. A los que padecen el embate del huracán, este estrés golpea muy duro y deja huella permanente con el llamado estrés post-traumático. Por televisión vimos y oímos el aullar de esos vientos malignos. Un mundo globalizado donde además muchos tienen familiares en todas partes, se preocupan por éste y múltiples fenómenos mas, como los actos de terrorismo y violencia provocados por el hombre. Y el gran estrés que dejan estos acontecimientos.

Las personas con deprivación social , aisladas, las personas que toda la vida han sufrido pobreza, hambre, desplazamiento y abandono, generalmente tienen una mayor tolerancia a la adversidad y al estrés. Crean mecanismos fuertes individuales y colectivos de solidaridad que ayudan a soportar el egoísmo de una sociedad egoísta e indolente.

LO ÚLTIMO  SOBRE EL ESTRÉS

Como cada vez hay mas estudios sobre el papel del estrés y los mecanismos por los cuales altera nuestra biología y nuestra psiquis, es necesario actualizar los conocimientos.

Se considera que entre el 80% y 90% de las enfermedades están relacionadas con el estrés. De estas cabe destacar enfermedades como el infarto del corazón, la hipertensión arterial, los accidentes cerebrovasculares, la diabetes mellitus, las enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoidea, el hipotiroidismo e hipertiroidismo, enfermedades gástrointestinales, alergias, insomnio, enfermedades psiquiátricas, neurodegenerativas y la creciente incidencia de todo tipo de cáncer.

Una observación personal: por mas escalas de medición que haya, sólo la relación médico paciente franca, de confianza y cariño nos permitirá adentrarnos en el trasfondo de las verdaderas causas de las enfermedades y su relación con el estrés. Si nos quedamos solo en mirar el cuerpo, no podremos tener un enfoque integral del paciente para cumplir con nuestro objetivo fundamental como médicos: el mantenimiento de la salud en quien está bien y el de recobrarla en el que tiene algún padecimiento.

Ante un agresión el organismo activa sus mecanismos de defensa. Se prenden las alarmas y hay alerta general para defenderse del ataque. Las primeras respuestas son muy básicas, primitivas, inespecíficas y corresponden al sistema nervioso simpático que reacciona con extrema rapidez. Produce adrenalina y noradrenalina (también conocidos como epinefrina y norepinefrina). No es potestad solo de los humanos. Los animales y las plantas también se estresan y sufren y reaccionan a los estresores.

La respuesta al estrés también activa el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Esta glándula produce cortisol, hormona que va a producir efectos a corto y largo plazo alterando la inmunidad, el sistema endocrino y los demás sistemas orgánicos, como ya vimos en la primera parte.

El páncreas produce glucagón para darnos energía rápida en forma de glucosa   en una situación que lo exige.

Se activan otras hormonas del estrés como la hormona del crecimiento, la hormona antidiurética, la prolactina. Otras como la insulina se dejan de producir.

El sistema inmune, guardián de nuestras defensas, vigilante de agresiones externas, reacciona. Y se altera, activando células especializadas, los linfocitos T y B para acomodar las defensas a una situación irregular, muchas veces nueva e inesperada produciendo factores de inflamación y anticuerpos que identifican proteínas propias como si fueran extrañas y se vuelven en contra nosotros mismos. Y nos hace susceptibles a infecciones y enfermedades autoinmunes.

Mientras tanto sustancias protectoras y calmantes como dopamina y endorfinas dejan de producirse. Adicionalmente y en respuesta a todos estos cambios, la presión se eleva, el pulso se acelera, hay sudor profuso, sequedad de saliva, confusión mental, los músculos se tensan, aparece el insomnio, la ansiedad, la angustia y el miedo que puede en su máxima expresión convertirse en pánico.

En la respuesta aguda es posible reversar todas las alteraciones descritas. Pasado el evento vuelve el organismo a la homeostasis, a su equilibrio y retoma el control. Todo se regula. Es maravilloso ver como personas y comunidades se reponen a la adversidad.

Pero si la situación permanece o no se atenúa y por el contrario se intensifica y/o se vuelve crónica, el desequilibrio se hace evidente.

En esta entrega nos referiremos a dos tipos de estrés de frecuencia creciente: el estrés escolar y el estrés laboral. El estrés post-traumático por ser extenso e importante lo trataremos en un artículo aparte. Así mismo trataremos en ese artículo que hacer para sobrevivir al estrés con dignidad, fortaleza y llevar una vida mejor.

 

ESTRÉS ESCOLAR

La educación debería ser una actividad placentera. Que puede ser mas agradable que aprender. Pero para muchos se ha convertido en un tormento. Desde que comienza la educación pre-escolar. A muy temprana edad se arranca al bebé de su medio natural, sin cumplir siquiera la primer etapa de aprendizaje y compenetración con su mamá, papá y hermanos, si los tiene, pues ya hay muchos hijos únicos. Va a un medio extraño y que nunca reemplaza el nido natural. Y cada vez mas se presentan manifestaciones de enfermedad que antes no se conocían o no eran tan frecuentes a temprana edad, como alergias, asma, reflujo, gastritis, insomnio, irritabilidad y neurosis. Como consecuencia niños inapetentes, vomitadores, con cuadros infecciosos repetitivos, aversión a la socialización y con agresividad manifiesta. Ya en edad escolar primaria, a esto se añade la incomprensión de docentes improvisados, impacientes y se inicia la competencia inducida por el medio, el colegio y los mismos padres por demostrar que el niño “es el mejor” y viene también también el acoso escolar. Los llenan de deberes y tareas y dejan poco espacio para el juego al aire libre, el deporte y las actividades lúdicas. Los padres por la presión del medio y teniendo que trabajar, poco tiempo dedican a su obligación educativa. Se pierde la educación en casa y se reemplaza por televisores, tabletas, juegos electrónicos y una persona extraña que no pocas veces los somete a maltrato. Y pasan los primeros siete años de la vida donde su cerebro en formación absorbe todo a su alrededor y aparecen los miedos, pesadillas, terrores nocturnos, ansiedad, hiperactividad, molestias digestivas y migrañas. Las exigencias académicas aumentan en proporción directa al avance de escolaridad y al final de la primaria ya queremos tener unos genios pero con sus mentecitas confusas y agobiadas. Y de repeso teniendo que soportar a los adultos. Hay mayores manifestaciones de enfermedades y consultas a diferentes especialidades como gastroenterólogos, alergistas, otorrinos, endocrinos, psicología, psiquiatría, etc. Eso es estrés

Y la parte formativa? Y las actividades lúdicas? Y las inquietudes propias de los niños y sus deseos? Y si charlamos con ellos? Nada se tiene en cuenta. Cuantas patologías se resolverían con un balón de futbol o de básquet, unas clases de baile, cantos grupales, un columpio, un pasamanos, un simple lazo o dejarlos conversar y discurrir sobre su visión del mundo. Si eso hiciéramos nos sorprenderíamos de que esos niños necesitan solo comprensión.

Luego viene la etapa de la secundaria. Pubertad, adolescencia con todas las incertidumbres, dudas, enamoramiento, riesgos de drogas, matoneo y por si fuera poco exámenes, pruebas para la universidad y el terror de si las aprueban.

Y decidir la vida futura. Mas estrés aún.

La etapa universitaria se acompaña de mayores dificultades. Montones de tareas, múltiples materias que ahora llaman créditos (“este semestre tengo 9 créditos”) y el pobre alumno entonces empieza a deber y difícilmente puede completar esos créditos y queda en mora. Profesores acosadores, algunos creyendo que sus estudiantes son incapaces y poniendo ceros por doquier y no piensan que si la mayoría pierden es por que los incapaces son ellos. Y el entorno adverso y entonces vemos alumnos que sienten una gran angustia y se aumenta con el factor económico, ante el alto costo de la educación superior, y hay que aprender inglés y cuando salga enfrentar un mercado laboral escaso y mal remunerado. Y no pocos adquieren deudas con institutos que cobran caros intereses y además de la obligación escolar se añade la deuda económica. Ni que hablar de la necesidad de efectuar posgrados costosos para tratar de mejorar las posibilidades laborales cuando terminen estudios. Mientras tanto el escape puede ser la bebida o los psicoactivos y vienen los riesgos de adicción y deserción estudiantil. Y el deporte se olvida y las actividades recreativas se combinan con alcohol, cannabis y otras sustancias que obnubilan la mente y la vida cotidiana y en no pocas ocasiones arruinan vidas promisorias.

Entre tanto no pocos adquieren obligaciones de pareja e hijos y así acumulan mas responsabilidades y angustias en preparación para la siguiente etapa de la vida, la vida laboral.

 

ESTRÉS LABORAL

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Si bien hay trabajos muy agradables, bien remunerados y que su ejercicio produce gran satisfacción, las condiciones del mundo moderno se han modificado y ahora se habla de competitividad, eficiencia y rendimiento, olvidando el aspecto humano del trabajador. Se considera que entre el 60% a 70% de las personas sufren estrés laboral. No obstante como esto depende del tipo de trabajo y la empresa en la que se ejerza, el estrés laboral puede ser mayor o menor dependiendo del grado de satisfacción, motivación e incentivos que se tengan. En general a mayor número de jefes, mayor estrés. A mayor tamaño de la empresa mayor estrés.

Los adelantos tecnológicos y la comunicación que teóricamente deberían simplificar la vida, han complicado la vida laboral a tal punto que además del tiempo presencial en el trabajo, el empleado ha perdido su vida familiar, su intimidad y aún en casa después de una pesada jornada laboral y los fines de semana, debe responder correos, mensajes y todo tipo de requerimientos. Así además de los avatares propios de la cotidianidad, debe responder cual esclavo a los caprichos del empleador y no dispone de tiempo para el placer de disfrutar del hogar y de la alegría de ver sus hijos crecer. Menos aún del disfrute de actividades de esparcimiento colectivo.

Las mayores quejas son relacionadas a acoso laboral, donde es constante el asedio y supervisión exagerada y permanente al desempeño del trabajador sin pautas claras o sin siquiera haberse efectuado inducción suficiente. En mujeres además de esto se puede tener acoso sexual, que se oculta por temor a perder el empleo.

Hay un mecanismo de protección que la persona utiliza y que hace que soporte muchas injusticias de trabajo y que llamo “instinto de conservación del puesto de trabajo”, donde calla, no expresa su insatisfacción pero finalmente va minando el cuerpo y el espíritu y cuando estalla ya la persona está muy enferma y a veces de manera irreversible.

El salario es una causa también frecuente de estrés pues muchos trabajadores lo consideran insuficiente para el rendimiento que se les exige y de nuevo las mujeres tienen en general menores salarios para el mismo o mayor grado de responsabilidad que los hombres.

El horario extendido, con jornadas superiores a las contratadas es otra causa de insatisfacción laboral. Como dijimos a esto se añade el acoso por teléfono móvil, con correos, “chats” y toda clase de mensajes.

El almuerzo, es una comida poco nutritiva, rápida muchas veces de pié y sin descanso posterior. Las personas tienen microsueños que pueden ser fatales en operarios de maquinaria o transporte. Disminuye el rendimiento mental y físico.

Ante todo esto la persona pierde el sueño, altera sus patrones de alimentación, se daña la relación familiar y se producen todo tipo de trastornos de salud, desde gastritis, colon irritable, taquicardias, palpitaciones, alergias, neurosis, hipertensión arterial, hasta trastornos mentales y enfermedades del cerebro y del corazón.

Cuando la situación se hace irreversible y con el paso del tiempo los efectos muestran el deterioro, la pregunta mirando el espejo retrovisor es: “¿Valió la pena?”

 

HÉCTOR MARIO RENGIFO C.

 

 

Preguntas sobre esta entrega

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