EL BOCIO DE CLEOPATRA Y LA GIOCONDA

En repetidas ocasiones salen a relucir diferentes patologías de personajes famosos y en recientes artículos se afirma que tanto Cleopatra, la reina egipcia, como la Gioconda, tenían bocio. Es mas, respecto a la Gioconda se atreven a asegurar que tenía hipotiroidismo.

Es necesario a través de una revisión de quien era Cleopatra y a que persona representaba la Gioconda, el cuadro mas famoso que ha existido, para discutir si es posible que ambas padecieran de dichas patologías y estas aseveraciones tengan un válido asidero.

EL BOCIO DE CLEOPATRA.

Tal vez no hay personaje femenino que haya sido sometido a mas escrutinio que Cleopatra. Su imagen ha sido objeto de obra teatro  la de Shakespeare, de cine con Liz Taylor como protagonista y otros montajes en escena que han distorsionado su imagen. Los historiadores con algo de fanatismo han contribuido a esto. Los cercanos a su época, especialmente Dion y Plutarco vivieron en el Siglo I de nuestra era, tiempo después de la muerte de la reina y estaban sesgados por la malquerencia hacia ella, sobre todo por su relación con Roma y dos eximios romanos. Existe la imagen de Cleopatra como mujer bella, manipuladora, asesina, inescrupulosa, conquistadora de poder y de hombres (a quienes rendía a sus pies), y que gozaba de gran frivolidad. Pues no. No era así. O si, pero parcialmente.

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Los hallazgos de unas monedas de la época de su reinado y un bajo relieve han mostrado que Cleopatra no se parecía ni de cerca ni de lejos a la belleza de Liz Taylor. Además según expertos egiptólogos (y otros no tan expertos) han concluido que tenía bocio. Su boca ancha, sus pómulos salientes y su nariz aguilucha no eran propiamente la de una mujer hermosa, si hablamos de lo físico. Y según esas monedas tenía abultado el cuello. Pero era delgada, locuaz, poseedora de una voz encantadora, alegre y sabía agradar a su entorno. Esto la hacía atractiva. Y así era, mucho mas atractiva que bonita y así conquistaba. Procedente de una dinastía, la de los Ptolomeos, de origen griego y no egipcio, que gobernó a su antojo por trecientos años y que terminó con su suicidio en el año treinta antes de Cristo (AC), fue preparada por su padre para mandar.

Nació en cuna de oro el año 69 AC, durante el reinado de Ptolomeo XII, su padre, quien la bautizó como Cleopatra VII, ya que había al menos seis Cleopatras en la familia, si bien afirman que la V y VI eran una sola. La Cleopatra que nos ocupa era poseedora de una vasta cultura. Sabía de agricultura, tañía el laúd, hablaba nueve idiomas, sabía de tácticas y estrategias de guerra, hablaba a sus generales en egipcio sin necesidad de traductor y a los extranjeros en el idioma de ellos. Dominaba la astronomía, la astrología, las matemáticas, la geometría y conocía la posición de las estrellas, la rotación de la tierra, su redondez y que giraba alrededor del sol. El valor del número pi, artes manuales, la preparación de venenos, la intriga, la sutileza y la seducción no escaparon a su formación pues fue preparada para gobernar. Se dice además que practicaba la poliandria y por ende escogía a sus amantes. Se considera la primera feminista de la historia.

Su padre la eligió como su heredera y supo reinar en una época de conflicto y guerra civil. Para esto debía casarse con su hermano menor y compartir el reinado con él. El cogobierno era común en esa época. Al momento de iniciar su mandato, el hermanito tenía solo trece años y ella diez y ocho. Obviamente el matrimonio no se consumó y ella lo ignoró y ejerció el poder sola. Eran frecuentes la traición, las guerras, las decapitaciones, el envenenamiento y la entrega de las cabezas de los enemigos en bandeja a los supuestos amigos de quien reinaba. Cleopatra no podía ser ajena a ese medio si quería sobrevivir. Y lo supo hacer reinando desde los 18 años hasta los 39 años cuando decidió el suicidio, en el año 30 AC, antes de sufrir la humillación de Octavio, su nuevo enemigo y gobernante romano de turno, quien una vez muerto Marco Antonio, el gran amor de Cleopatra (también por suicidio), la quería llevar a Roma y exhibirla encadenada como un trofeo para luego, por supuesto, asesinarla. Se dice que se suicidó con un áspid, la naja haje, serpiente propia de Egipto y muy venenosa; este hecho ha sido negado por historiadores escépticos ya que murió junto a sus dos mujeres asistentes, lo que hace improbable que hubiera mordido a todas tres. Además estaba muy vigilada por la guardia octaviana y ésta es una serpiente de 1.80 m de largo que era difícil pasarla sin ser notada. Se envenenó sí, pero con una pócima que sus leales acompañantes también bebieron después.

Todo esto ocurrió luego de haber tenido largas relaciones conyugales, primero con Julio César y luego con Marco Antonio, una vez que el primero fuera apuñalado por los senadores romanos, sus supuestos leales súbditos. Tuvo en total Cleopatra cuatro hijos de ambos, entre ellos una pareja de mellizos.

Este es un acercamiento fugaz de su compleja vida, pero volviendo al tema que nos atañe: ¿Tenía Bocio Cleopatra? Es posible. Pero dada su claridad mental, sus habilidades, su libido exaltado, su rápido aprendizaje, su erudición, su fertilidad, es posible que solo haya sido un bocio simple. Es decir, bocio difuso eutiroideo y no un hipotiroidismo ni un hipertiroidismo. Aceptemos que las monedas muestran un cuello grueso, pero no es suficiente evidencia de patología.

EL BOCIO DE LA GIOCONDA

Leonardo da Vinci, el grande, el genio, dueño de una inteligencia superior a la de todos sus contemporáneos, nacido en Vinci, aldea de Florencia, la cuna del Renacimiento, es el autor por encargo de la pintura más famosa de todas las épocas, La Gioconda o Mona Lisa. Hijo ilegítimo de la relación de un reconocido y rico notario, Ser Piero da Vinci con una campesina, nació en 1452. Recibió una educación costeada por su padre al percibir su temprano talento, en la pintura, la escultura y técnicas artísticas en el taller de Andrea del Verroccio. Rápidamente superó al maestro. Innovó en la pintura utilizando el óleo, recién traído de Holanda y fue el creador de la técnica del “esfumato” o difuminado que permitía la definición de rasgos y la creación de efectos que daban impresión de tres dimensiones. Además se le atribuye ser autor de las primeras caricaturas de la historia. Pero el arte era una sola de sus inquietudes. Incursionó en todas las áreas de la ciencia: ingeniería, anatomía, arquitectura, diseño, matemáticas, física, música, solo por nombrar algunas. En todas dejó su inteligente rastro. Dejó registros gráficos acompañados de texto. El texto servía para explicar los diseños y no los diseños para explicar el texto. Un iluminado. Se dice con razón que fue el primero en elaborar dibujos científicos. Sus dibujos de anatomía, de cadáveres que él mismo disecaba en forma clandestina, tienen tal detalle que no han podido ser superados en la actualidad. Inventor futurista de vehículos, máquinas voladoras, equipos bélicos, solo en este Siglo se han podido dilucidar sus clarividentes maquinarias.

Su padre era amigo y vecino de un exitoso y rico comerciante de seda llamado Francesco del Giocondo, quien se casó con Lisa Gherardini, su tercera esposa, quien había perdido antes un hijo y recientemente era madre de una hija. Se cree que por la amistad que los unía, el padre de Leonardo le pidió que hiciera un retrato de la Monna (diminutivo de Madonna) Lisa, que significa Señora Lisa y que pasaría a llamarse como la Mona Lisa. Debido al apellido del esposo pasó a llamarse Lisa del Giocondo y la pintura se conocería también como la Gioconda. Lisa pertenecía a una familia mas noble que rica de la región de Toscana, nacida en Florencia y poco se conoce de ella pues su fama fue adquirida después de su muerte y a medida que la pintura crecía en reconocimiento. Se sabe que era mucho mas joven que su marido, que tuvo cinco hijos y que murió a los 63 años. Algunos historiadores afirman que murió realmente bajo el cuidado de una de sus hijas, monja, en un convento a los 72 años. Sesenta y tres o setenta y dos, una edad de adecuada longevidad para la época. Recientes documentos no dejan duda que fue la modelo de Leonardo para el retrato. Esto es necesario enfatizarlo ya que fue negado por algunos y se rumoraba que utilizó varias modelos y que la Mona Lisa era realmente un modelo masculino de un alumno predilecto de da Vinci y algunos chismosos se atrevieron a afirmar que era un autorretrato. El hecho es que la pintura siempre permaneció con el autor, quien no la entregó nunca a quien la encargó. Sabemos que la pintura original, la famosa, nunca fue entregada. Fue realizada en tabla, madera de álamo y de dimensiones de 77 cm x 53 cm. Si cumplió con el encargo debió entregar una copia. Hay copias de la época salidas del taller de Leonardo, posiblemente realizadas por él o por sus alumnos, dos de ellas son muy famosas, la de Isleworth, que muestra una Gioconda mas joven y con un fondo de menos detalles, posiblemente inacabada y anterior y la Gioconda del Prado, que está en España, atribuida a un alumno de da Vinci cuya conservación es mejor y los colores mas definidos. Hay aún otra versión, un hermoso dibujo llamado la Monna Vana, una Gioconda desnuda atribuida a Leonardo y se considera un boceto de la que sería la Mona Lisa. Cuando se trasladó a Milán  llevó consigo la pintura original. Luego siguió con ella a Francia donde se puso a servicio del rey Francisco I y quien quedó con la pintura después de la muerte de Leonardo en 1519. Desde entonces es Francia su propietaria y llegó al museo del Louvre en 1797. Napoleón la tuvo en su Palacio corto tiempo y volvió al museo.

 

 

En 1911 la pintura fue robada por un carpintero, ex empleado intrascendente del museo, Vincenzo Peruggia. Un comerciante argentino, Eduardo Valfierno lo indujo al robo para negociarla. Pero al parecer no la recibió o no la necesitó pues vendió copias de la pintura y Peruggia perdió el contacto con él. Vincenzo fue preso dos años después cuando trataba de venderla en Italia. En el interrogatorio adujo razones de patriotismo y le dieron 15 meses de cárcel, pero pagó solo 10. Lo que menos tuvo fue motivos patrioteros y mas bien económicos. Vino entonces la Segunda Guerra mundial y el mundo se olvidó de él.

La trascendencia del robo fue enorme. Los franceses lo tomaron como un problema de estado. Pero no solo Francia sino que traspasó las barreras nacionales. Toda Europa seguía día a día las incidencias del robo. Y si bien la Gioconda era un cuadro apreciado, no era el mas famoso del museo hasta el momento; el acontecimiento disparó su fama. Cuando el museo reabrió las puertas cuatro días después del robo hubo filas y las visitas se multiplicaron. Todos los visitantes iban a ver el sitio donde estaba la pintura. Y así fue hasta la vuelta al museo donde ocupó desde entonces sitio privilegiado. En la actualidad tiene un lugar para ella sola. La Mona Lisa es la pintura que ha tenido mas copias, versiones y “memes” de todos los personajes de fama como políticos, farándula, actores y diferentes campos de la ciencia. Las versiones de Rafael, su contemporáneo, de Botero son de las mas elogiadas, pero una en especial de 1919 es reconocida, la del polémico pintor dadaísta Marcel Duchamp, irrespetuosa y burlesca. Una copia de la Gioconda con bigote y perilla a la que llamó con la sigla L.H.O.O.Q., un homófono que se lee como “Ella  tiene el culo caliente”. Esto lo hizo mas famoso, pero contribuyó a valorar aún mas la pintura original.

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Una obra tan importante es lógico que sea objeto de todo tipo de análisis y de gente que quiere ganar notoriedad hablando de ella. La Mona Lisa es la que mas ha sufrido por esto. Y entonces no podía faltar el escrutinio médico y le han endilgado todo tipo de enfermedades. Según esto, la Gioconda es un tratado de patología de alto nivel. Dermatólogos, cardiólogos, neurólogos, psiquiatras, internistas, maxilofaciales, inmunólogos, endocrinólogos y muchas otras especialidades han elaborado un entramado de diagnósticos. La sonrisa enigmática se la han atribuido a que era desdentada, o que tenía sífilis y un tratamiento le había alterado la boca, que tenía parálisis facial parcialmente resuelta, bruxismo por estrés, una cicatriz en el labio, debilidad mental etc. A nadie se le ocurre que simplemente era una joven risueña.

La posición de las manos la han interpretado como Parkinson, atrofia de la mano izquierda por siringomielia o que ocultaba un embarazo. La verdad es elaborado de mas pensar en Parkinson en una joven de 22 años. Olvidan lo mas simple; era una norma de etiqueta que las damas tuvieran esa postura al posar para retratos y esa postura se repite en innumerables pinturas de la época.

Tiene un xantelasma en borde interno de párpado izquierdo y un aparente lipoma o xantoma en mano derecha por lo cual se le diagnosticó hipercolesterolemia familiar. Curiosamente la Monna Vana no tiene lipoma en la mano derecha ni xantelasma. La del Prado y la de Isleworth no tienen xantelasma. Es posible entonces que la Gioconda tuviera dislipidemia, pero dada la edad de la paciente al morir es posible que fuera leve y heterocigota.

La ausencia de cejas, pestañas y fino cabello cubierto con un velo se ha interpretado como alopecia universal. La Monna Vana tiene cejas, igual que la del Prado.

Recientemente dos prominentes endocrinólogos en una revista científica de prestigio (Mayo Clinic Proceedings. de Septiembre de 2018), han diagnosticado un estado avanzado de hipotiroidismo es decir un hipotiroidismo severo y dan evidencias para lo que consideran que apoya el diagnóstico:

El color amarillo puede ser carotenemia, la ausencia de cejas y pestañas, el posible crecimiento de cuello, la dislipidemia, la misteriosa sonrisa que puede representar retardo psicomotor y debilidad muscular, además de otras elucubraciones que los llevan a una teoría que considera que unifica el padecimiento básico y fundamental es una tiroiditis post-parto que llevó al hipotiroidismo y las demás comorbilidades.

Y si el color amarillo corresponde al efecto del paso del tiempo que ha influido sobre el cuadro?

Y hay bocio? Muy difícil afirmarlo con énfasis hasta para el mas avezado observador. El extraordinario juego de luces y sombras que caracteriza toda la obra de da Vinci, hace puede darle la razón a los que afirman que sí. Pero no se las quita a los que dicen que no.

Lisa Gherardini tuvo cinco hijos. Una mujer con hipotiroidismo severo difícilmente tendría esa fertilidad. Vivió entre 63 a 72 años. No es la edad de deceso de una paciente a la que se le han atribuido mas de cuarenta y cinco patologías.

Lo mejor que puede sucederle a la Gioconda es que no visite ningún médico o que ninguno opine sobre su condición física o mental. Mejor aún si solo la ven con ojos de profunda admiración de la belleza y del arte y con silencioso respeto por su autor.

Dejemos pues tranquila a la Gioconda o la Mona Lisa como prefiera cada uno llamarla. Que las personas al verla sigan sintiendo todas las emociones encontradas, que no dejen de sonreír como ella ante su fina y hermosa figura. Leonardo mismo quería tanto su pintura que nunca se deshizo de ella y la llevó hasta su muerte a los sesenta y siete años, siempre con él como un tesoro inacabado y con la premonición del genio que sabe que su obra durará eternamente.

HÉCTOR MARIO RENGIFO C.

ENDOCRINÓLOGO

 

 

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